Hombre joven con camiseta azul sentado junto a una ventana, con los ojos cerrados y expresión serena, acompañado del texto ‘Ansiedad, estrés y glucosa’, simbolizando calma, equilibrio emocional y control de la diabetes tipo 1.

Cómo gestiono la ansiedad y el estrés para mantener estable mi glucosa

Durante años pensé que la ansiedad y el estrés no afectaban demasiado a mi diabetes tipo 1. Creía que el azúcar solo subía o bajaba por la comida o la insulina. Pero con el tiempo y la experiencia descubrí algo que me cambió por completo la forma de ver las cosas: la mente influye tanto o más que la comida.

He pasado por etapas de mucho estrés y ansiedad, especialmente cuando empecé con mi bar. Trabajar muchas horas, dormir poco y preocuparme constantemente me llevó a sentirme agotado, nervioso y, lo peor, con la glucosa fuera de control. En ese momento, aprendí que si no cuido mi cabeza, tampoco puedo cuidar mi cuerpo.

1. Cómo el estrés afecta a la glucosa

Cuando vivimos situaciones de ansiedad o tensión, el cuerpo libera hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina. Estas sustancias hacen que el hígado libere más glucosa al torrente sanguíneo, lo que provoca subidas de azúcar incluso sin comer nada. Al principio no entendía por qué me pasaba eso. Comía bien, calculaba bien las dosis, y aun así mi glucosa subía. Ahora lo sé: no era la comida, era el estrés.

2. Mi experiencia con la ansiedad

Durante casi tres años sufrí ansiedad fuerte a causa del trabajo. Me costaba dormir, tenía el cuerpo tenso y la cabeza siempre pensando en el día siguiente. Hubo momentos en los que tuve que tomar ansiolíticos recetados por el médico para poder descansar y frenar ese círculo de nervios y agotamiento. No me avergüenza decirlo, porque fue algo que me ayudó a estabilizarme cuando no podía hacerlo solo.

Con el tiempo, y con ayuda profesional, aprendí que la ansiedad no desaparece de golpe, pero sí se puede aprender a controlarla. La clave está en conocer tus límites, descansar más y entender que no puedes con todo a la vez. Y que no pasa nada por parar.

3. Lo que hago hoy para controlar el estrés

Ahora tengo una rutina mucho más tranquila. Sigo teniendo días malos, claro, pero he aprendido a manejar las situaciones sin dejar que me dominen. Estos son algunos hábitos que me ayudan a mantener la calma y la glucosa estable:

1️⃣ Dormir bien

Antes dormía 4 o 5 horas, y mi glucosa por la mañana era siempre alta. Hoy intento dormir al menos 7 horas cada noche. El descanso es una medicina gratuita y efectiva.

2️⃣ Hacer ejercicio con regularidad

Entrenar tres veces por semana me ayuda a descargar la tensión acumulada. El ejercicio libera endorfinas, reduce el cortisol y mejora la sensibilidad a la insulina. No solo lo hago por el cuerpo, sino también por la mente.

3️⃣ Tomarme las cosas con más calma

Antes me alteraba por cualquier cosa: una bajada de azúcar, un cliente difícil, un número alto en el sensor… Ahora respiro profundo, dejo pasar unos segundos y busco la solución sin enfadarme. Mantener la calma es, literalmente, mantener el azúcar más estable.

4️⃣ Evitar la sobrecarga mental

Ya no intento hacerlo todo. Si un día no llego a todo, lo acepto. Aprendí a decir “basta” antes de agotarme, porque la fatiga mental se refleja directamente en mis niveles de glucosa.

5️⃣ Buscar momentos de desconexión

Me gusta pasear, pasar tiempo con mis hijas o simplemente no hacer nada durante un rato. Esos momentos son mi “recarga”. No necesito meditar ni complicarme: basta con parar y respirar. La tranquilidad también se entrena.

4. Lo que aprendí de todo esto

Aprendí que la salud mental y la diabetes van de la mano. No sirve de nada comer perfecto o tener la mejor insulina si vives con estrés constante. Cuando la mente está en calma, la glucosa también lo está. Y si alguna vez sientes que no puedes solo, pedir ayuda no te hace débil; te hace valiente y responsable.

Conclusión

Hoy sigo viviendo con diabetes tipo 1, pero con una mentalidad más serena. Ya no me enfoco solo en los números, sino en cómo me siento. Porque si controlo mi ansiedad, controlo mejor mi glucosa. Y aunque sigo aprendiendo cada día, puedo decir que aceptar mis emociones fue el paso más importante para vivir con equilibrio.

Aprender a calmar la mente fue lo que realmente me ayudó a estabilizar mi glucosa. La paz interior también forma parte del tratamiento.

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