Durante mucho tiempo pensé que la diabetes tipo 1 solo se trataba de controlar el azúcar, contar carbohidratos y pinchar insulina. Pero con los años descubrí que lo más difícil no siempre es el cuerpo, sino la mente. La ansiedad fue, durante una etapa, mi mayor reto — más incluso que las hipoglucemias.
Cuando la mente se cansa antes que el cuerpo
Recuerdo una época especialmente dura. Entre el trabajo en mi bar, el estrés del día a día y las noches sin descanso, mi glucosa empezó a subir sin motivo. No entendía por qué: comía bien y me controlaba, pero el azúcar no respondía. Hasta que comprendí que el problema no estaba en lo que comía, sino en lo que sentía.
La ansiedad altera hormonas como el cortisol y la adrenalina, y eso puede hacer que la glucosa suba incluso sin haber comido. Cuando me di cuenta de esto, todo cambió: entendí que también debía cuidar mi salud emocional para cuidar mi salud física.
Aceptar que necesitaba ayuda
Durante tres años sufrí ansiedad con picos fuertes, y al final acudí al médico. Me recetaron ansiolíticos durante un tiempo, y aunque no fue fácil aceptar que los necesitaba, me ayudaron a estabilizarme y volver a respirar con calma. A veces la mejor decisión no es resistir, sino buscar apoyo profesional.
No hay nada de malo en pedir ayuda. De hecho, fue el primer paso para volver a sentirme bien conmigo mismo.
Pequeños cambios que marcaron la diferencia
Una vez empecé a entenderme mejor, introduje pequeños hábitos que me ayudaron a reducir el estrés diario:
- Dormir más y mejor: el descanso es clave para mantener la glucosa y la mente equilibradas.
- Hacer ejercicio con calma: no por obligación, sino como forma de liberar tensión.
- Desconectar del trabajo: el mundo no se acaba si un día no hago todo lo previsto.
- Respirar antes de reaccionar: detenerme 10 segundos evita subidas de azúcar causadas por un enfado o nerviosismo.
Con el tiempo, esos hábitos se convirtieron en mi mejor “tratamiento” contra la ansiedad.
Vivir con calma también es parte del tratamiento
Hoy sigo teniendo días malos, como todos, pero ya no me castigo por ello. Entendí que la diabetes no se puede controlar al 100%, y que exigirnos perfección solo genera frustración. Ahora prefiero aceptar, aprender y seguir adelante con equilibrio.
Controlar la ansiedad no es eliminarla, sino aprender a convivir con ella sin que domine tu vida.
