Dormir bien cuando tienes diabetes: por qué es más importante de lo que parece

Durante mucho tiempo no le di demasiada importancia al sueño. Pensaba que con dormir unas horas ya era suficiente. Pero desde que tengo diabetes tipo 1, he comprobado que dormir bien marca una gran diferencia en el control de la glucosa, el estado de ánimo y la energía diaria.

Cuando paso una mala noche o duermo poco, mi cuerpo lo nota enseguida: al día siguiente la glucosa sube más fácilmente, me cuesta concentrarme y tengo menos paciencia. Con los años he aprendido que el descanso es tan importante como la insulina o la comida.

1. Cómo afecta la falta de sueño a la glucosa

Cuando dormimos poco o mal, el cuerpo entra en un estado de estrés interno. Aumentan las hormonas como el cortisol y la adrenalina, que hacen que el hígado libere más glucosa a la sangre. Eso significa que incluso sin comer, el azúcar puede subir solo por estar cansado o dormir menos de lo necesario.

Además, la falta de sueño reduce la sensibilidad a la insulina, lo que hace que las dosis parezcan “no funcionar tan bien”. Es como si el cuerpo se volviera un poco más resistente. Por eso, después de una noche corta, es habitual ver niveles más altos durante todo el día.

2. Mi experiencia personal con el sueño y la diabetes

Durante los primeros años con el bar, dormía fatal. Me acostaba tarde, dormía 4 o 5 horas, y por la mañana mi glucosa siempre amanecía alta. Intentaba compensar con más insulina, pero no servía de mucho. Hasta que empecé a priorizar el sueño: cerrar antes, apagar pantallas y darme tiempo para desconectar. En pocos días noté la diferencia: mis niveles eran más estables y me sentía mucho mejor.

Hoy duermo entre 7 y 8 horas cada noche, y si algún día descanso poco, ya sé que tengo que tener más cuidado con la comida y el control al día siguiente. Dormir bien me da equilibrio, energía y, sobre todo, calma mental.

3. Estrategias que me ayudan a dormir mejor

1️⃣ Evitar pantallas antes de dormir

Las luces de los móviles o la tele engañan al cerebro y hacen que tarde más en producir melatonina. Intento dejar el teléfono al menos 30 minutos antes de acostarme y, si puedo, leo o escucho música tranquila.

2️⃣ Cenar ligero y temprano

Las cenas pesadas o con mucha grasa dificultan la digestión y alteran la glucosa durante la noche. Prefiero una cena ligera y equilibrada, con proteínas y verduras. Así duermo mejor y evito picos nocturnos.

3️⃣ Mantener un horario constante

Intento acostarme y levantarme a la misma hora, incluso los fines de semana. El cuerpo se regula mucho mejor con una rutina estable. Y la diabetes también.

4️⃣ Controlar la glucosa antes de dormir

Siempre miro mi nivel antes de ir a la cama. Intento acostarme con la glucosa entre 120 y 160 mg/dl, para evitar bajadas nocturnas. Si está más baja, como algo ligero; si está alta, hago una pequeña corrección con cuidado.

5️⃣ Crear un ambiente tranquilo

El entorno también influye. Luz tenue, habitación fresca y sin ruido. Parece un detalle sin importancia, pero dormir bien empieza por preparar el cuerpo y la mente para descansar.

4. Dormir bien también reduce el estrés

Cuando duermes bien, tu cuerpo maneja mejor las emociones y las subidas de cortisol. Y eso significa menos ansiedad, menos irritabilidad y menos picos de azúcar inesperados. A mí, dormir bien me ayuda a tener más paciencia y a afrontar el día con otra actitud. Es increíble cómo algo tan simple puede marcar tanto la diferencia.

Conclusión

Si tienes diabetes tipo 1, dormir bien no es un lujo: es una parte más del tratamiento. No sirve de nada comer perfecto o entrenar si luego no descansas. El sueño es el momento en el que el cuerpo se recupera, regula las hormonas y equilibra la glucosa. Por eso, dormir bien es cuidarte.

Dormir bien no es solo descansar, es darle a tu cuerpo la oportunidad de equilibrarse y mantener la glucosa bajo control.

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